LA ESPAÑA VACÍA

Para los que nacimos en un pueblo a mediados de los años 60, el mito de reencontrarnos con él, tal y como fue, persiste en nuestra nostalgia de forma indeleble. Por ello, sumergirse en este ensayo literario que es La España vacía, del novelista y periodista madrileño Sergio del Molino, supone un ejercicio vuelta a un pasado que imaginamos parecido al nuestro, o al de nuestros padres y abuelos que, como los del escritor, vivieron en lugares hoy desaparecidos o a punto de perderse para siempre.
Con capítulos muy diferentes entre sí, el escritor rodea el desierto que es el centro de la Península para trazar el mapa de su despoblamiento, el cual la convierte en un caso único en Europa. Son páginas que tratan este tema principal con apuntes que van de la historia al cine, la literatura a la música, la política a la economía, y todo ello bajo un tamiz muy personal, que denota un amplio bagaje cultural y vital de quien lo cuenta. Por ellas pasan multitud de personajes y anécdotas: Las Hurdes y Buñuel, Fago y Puerto Hurraco, David Lynch o Tierno Galván, Obús y la Movida, Machado y los tangos argentinos, son algunas de las interminables referencias de las que se sirve para su libro.
Con ello crea una miscelánea que hace su lectura amena e inteligente, pues sin duda busca la complicidad de ciertos lectores a los que se dirige con más ahínco: aquellos a quienes llama los viejojóvenes, entre los que él mismo se incluye. Son aquellos que reivindican una vuelta a lo puro, que no es otra cosa que la tradición de los pueblos perdidos, la esencia de una España que ya no existe o, como el propio subtítulo del libro señala, nunca existió.
Sin embargo, esto no le impide en caer en contradicciones que no le importa reconocer. Él vive en la ciudad, y se alegra de ello. Incluso agradece a la crisis de 2007 que le impidiera vender el piso para adquirir una vivienda unifamiliar en el extrarradio, común por entonces para tantos desengañados del ruido y el estrés urbano.
Por eso no aporta soluciones para ese inmenso silencio que forman las dos mesetas y las zonas limítrofes de Aragón, Extremadura y el norte de Andalucía, alejadas de los núcleos de sus capitales. Cualquier intento de recuperación no ha dejado de ser pintoresco y puntual, pues hasta los últimos inmigrantes que han llegado no terminan de arraigar allí. El Gran Trauma, que es como él llama a los fuertes éxodos rurales de los años 50 y 60, parece ser, a todos sus efectos, irreversible.
La esperanza la deja para el final. En una breve “Coda” de pocas páginas, parece invitarnos a aceptar nuestra singularidad, disfrutando con dignidad de una taza de café ruidoso en nuestro pequeño piso de ciudad, mientras escuchamos también ese silencio que nos alcanza del yermo lejano. Si valoramos esta particularidad podremos hablar de nuestro país como nación vertebrada, sin complejos tanto con respecto al resto de Europa como hacia nosotros mismos, ahora que otras naciones periféricas se reivindican en sus propias y pequeñas historias y quieren abandonar el vacío inerte que aún las sujeta.

LA ESPAÑA VACÍA

AQUELLO EN LO QUE FIJAS CUANDO SALIMOS POR LAS NOCHES

medel

Mi madre me enseñó que la mejor forma de pasar por la
vida era renunciando a la propiedad particular.
Ella me convenció de que podría transformar los balbuceos
en música de cámara, con mis zapatos.
Tus zapatos son mágicos, me dijo. Pierde uno y ganarás un marido.
Vende dos y ante ti se revolverán las semillas de tu reino.

Y yo susurraba: mi reino eterno. Junto a él.
Decidí que los compraría de colores para camuflar mi identidad,
sobrios si aspiro a desvelar mis secretos.
No tacones ni zapatos planos ni aerodinamismo; le quiero
suciamente. He descubierto que pasos-pequeños
conducen a una-mujer-seria-con-dos-rayas-absortas.

Descalza, de puntillas, vuelvo a tener diez años y a morirme
por dentro de tanta soledad.

Elena Medel

AQUELLO EN LO QUE FIJAS CUANDO SALIMOS POR LAS NOCHES