MANUAL PARA MUJERES DE LA LIMPIEZA

Lucía Berlín escribió esta colección de relatos a lo largo de una vida intensa. Vivió en varios estados de su país natal, los Estados Unidos, desde Alaska en su niñez a Nuevo México cuando, anciana y exalcohólica, necesitaba de una bombona de oxígeno para cualquier pequeña actividad. Pero antes también lo hizo en Chile o México, países que, sobre todo el estado azteca, se convierten en algo más que paisajes donde situar su obra.
Porque esta es, casi toda ella, una autobiografía novelada más real que ficticia, si bien no resulte fácil distinguir esto siempre. Su libro nos muestra su paso por este vasto continente, junto a algunos hechos que forjaron su carácter y ante los que tuvo que desenvolverse.
Estos no fueron fáciles. Así, conocemos la adicción al alcohol de sus padres, y después de ella misma; o a la heroína de su segundo marido, preso varias veces antes de dejarla sola y arruinada; o los trabajos esporádicos que tuvo que realizar para sacar adelante a sus hijos tras el abandono de las distintas parejas que tuvo, entre ellos, el de mujer de la limpieza que sirve de título para la colección. Y la enfermedad terminal, resultado de un cáncer de su hermana menor, a la que cuidó ya adulta, tras recomponer sus deterioradas relaciones, hasta el final.
Sin embargo, todo esto lo cuenta mediante unas páginas amables, incluso con momentos de verdadero humor. Tal y como se desprende de su narrativa, ágil y sencilla, llena de coloquialismos y expresiones directas, intuimos su enorme vitalidad, su carácter alegre, espontáneo y muy natural. Su prosa se aleja de desgarros sombríos y lastimosos, y su voz se nos acerca como si la oyésemos en una conversación cotidiana.
La distancia que muestra entre los que le sucede y lo que cuenta es llamativa. Es protagonista y, a la vez, presentadora de su historia, que objetiviza al máximo. Ni siquiera en los momentos de mayor crudeza -unos hijos solos mientras deambula desesperada buscando la licorería que abra antes, un marido que le envía a cruzar la frontera a por droga porque su camello local no aparece- no hay un solo grito, ninguna violencia descrita en las escenas con los detalles que hicieran entrever el dolor con que debieron ocurrir. Por el contrario, la vemos con sus iniciales L. B. o con su nombre real, Lucy, enfrentada con firmeza a las adversidades, asumiendo sin culpa sus errores, y sobre todo consciente siempre del destino que elige.
Pero el libro también es un mapa geográfico y humano de parte de la segunda mitad del siglo pasado, con gente y lugares de distintas clases sociales, si bien prefiere en sus afectos a músicos bohemios, jóvenes rebeldes, borrachos pobres y sonrientes. Aunque provenía de una familia adinerada, la bebida gastó buena parte de su pasado y de su porvenir. Por eso tuvo que realizar trabajos humildes y convivir en ambientes pobres. Pero en todos ellos, y en general en todo lo que vivió, supo encontrar el lado amable a la vez que, con su curiosidad y ganas de vivir innatas, aprendía algo que le interesara. Según sus relatos, lo consiguió de cada una de esas oportunidades y circunstancias distintas que la vida le ofreció. Incluidas, por supuesto, sus dificultades y sus propias equivocaciones.

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MANUAL PARA MUJERES DE LA LIMPIEZA

DESIERTO

andrea-cote

La tierra que jamás quiso tocar el agua
es el desierto que al norte está creciendo como un estrago de luz.
Pero los hombres que han visto el despoblado
-su amplitud sin sobresaltos-
saben que no es cierto que la tierra esté reseca por capricho,
o sin ninguna bondad;
es nada más su manera de mostrar
lo que transcurre bellamente sin nosotros.

Andrea Cote Botero

 

DESIERTO