FRENTE AL MIEDO

Para quienes -como en mi caso- apenas conocemos la obra y la figura de Antonio Escohotado, ha sido toda una revelación la lectura -o el intento al menos- de esta colección de artículos y otros escritos suyos reunidos en un contundente volumen. Famoso por sus ideas filocomunistas o ácratas, al menos en alguna etapa de su vida, y sobre todo por su libro Historia general de las drogas, su evolución posterior lo ha llevado a defender ideas liberales, lo que le ha supuesto el rechazo de muchos de sus antiguos admiradores; aunque, a mi entender, también vuelve más interesante su pensamiento, precisamente por intentar comprender este cambio en alguien de su inteligencia.
Porque el libro muestra a una persona profundamente erudita, que no se conforma jamás con lo superficial, como demuestra el detalle de acudir a la fuente primera de cualquier tesis que defienda, y si es posible en su lengua original. Por sus páginas pasan citas y estudios de filósofos, políticos, historiadores y economistas, psicoanalistas, místicos y religiosos, matemáticos, químicos y físicos, literatos y artistas; y en general de cualquier campo por el que sienta curiosidad. Lo sorprendente es que en todos ellos encuentra materia de discusión, para refutar o defender con argumentos muy bien trabados cualquier idea a la que le ofrezca su tiempo. La prueba es los catorce años que lleva redactando su última obra, una trilogía titulada Los enemigos del comercio. Una historia moral de la propiedad. Aquí parece querer dejar constancia de un legado que, sin duda, le reportará bastante enemistad entre aquellos cuyo pensamiento les confunde.
Frente al miedo es un título muy acertado, ya que nos incita a rebelarnos contra las supersticiones e ideas preconcebidas que nos dificultan pensar hasta llegar a las raíces en cualquier asunto. Él se atreve, sin duda gracias a su experiencia personal y valía intelectual, y nos conmina a intentarlo cada uno según sus posibilidades. En mi caso, su lectura me ha abierto a cuestionar ideas políticas, económicas y religiosas que siempre he dado por ciertas e irrefutables. También, a aprender más sobre temas que van desde el psicoanálisis de Freud a la física fractual más reciente. Y, cómo no, a reconocer mi incapacidad para comprender muchos pasajes filosóficos en los que el libro abunda.
Antes de comenzar su lectura, vi una conferencia suya reciente gracias a Youtube. El aula donde la daba, inmensa, estaba abarrotada de jóvenes. Al igual que a ellos, se me hizo cortísima la hora que habla. Tuve la sensación de escuchar a alguien sabio, algo que este libro ha corroborado. En la línea de pensadores como George Steiner, Escohotado es uno de los últimos humanistas en el sentido más renacentista del término. Pero sin renegar del presente y de cuanto existe en él, sobre todo si es real, pues afirma que “solo el realismo defiende de la intemperie ambiental”. A su comprensión última se dedica.

FRENTE AL MIEDO

INMORTALIDAD EN EL BESO

ramón

Sólo quien ha besado sabe que es inmortal
(De Croniria, RAQUEL LANSEROS)

El cuerpo nos recuerda lo que fuimos
con sus prisas ajenas y silencios.
Las flores seducen la mirada,
nos alejan de los grises
de la pátina del tiempo.
Hay lunes que sonrojan las mejillas
con secuencias de piel sobre el invierno.
Las caricias están en la otra esquina,
deambulando incansables por tu sueño.
Somos aire que acaricia los contornos
y semillas acunadas por el viento.
Incertidumbre somos
y pasajeros borrosos del recuerdo.
Manos cansadas que buscan temblorosas
los perfiles lejanos del encuentro.
Inconstantes somos
y, a pesar de los pesares, fuego.
Juguetes rotos que anhelan ser mañana
extraños en las playas de febrero.
Un lunar en tu falda
y su derribo.
Un punto, en tu cuaderno,
suspensivo.
Unos ojos.
Sus contrarios.
Hielo en el estío.
Al menos, eternos en el beso.
Inmortales lenguas de rocío.

Ramón Martínez López

INMORTALIDAD EN EL BESO

LAS INQUIETUDES DE SANTI ANDÍA

Pío Baroja es uno de los mejores novelistas españoles del siglo XX. Una de sus obras más valoradas, aunque menos leídas actualmente, cuando se prefieren otras suyas de tono filosófico –El árbol de la ciencia– o social –La busca-, es Las inquietudes de Shanti Andía. Esta pertenece a esa parte de su producción en la que la aventura continua sobrepasa cualquier otro aspecto narrativo, representada en la figura de su protagonista, héroe idealizado sobre el que centra toda la trama, común por otra parte en sus escritos.
Shanti Andía cuenta sus memorias, ya anciano, con un trasfondo nostálgico. Hombre de acción toda su vida, reconoce que está mucho mejor ahora a como siempre había vivido, con suficiente dinero, una familia amplia y una casa confortable en el pueblo donde nació, Lúzaro. Y sin embargo…
Así lo escribe el narrador, creado por Baroja para mostrar su admiración por el personaje principal, y por todos aquellos seres que van pasando por el libro cuando demuestran esa gallardía típica del aventurero noble y despreocupado por lo material. Es probable que Baroja se identifica con él, pues aunque asuma su papel algo misántropo y poco atrevido de su sedentaria vida, siente una enorme ansias de llevar otra distinta, mucho más valiente y azarosa, algo que solo se atreve a hacer en sus novelas.
Si en Zalacaín el aventurero el travieso niño que luego se hizo contrabandista y hasta participó en algunas batallas carlistas representaba al vasco apegado a la tierra, aquí Shanti Andía es al marino típico, otro mito de la tradición vasca. Vemos cómo es de decidido cuando niño, valiente cuando joven, y honrado al llegar a la madurez, Luego, de viejo, reconfortado en su situación, no puede sin embargo dejar de añorar aquellos años en que navegaba continuamente, desde Filipinas a Terranova, con barcos mercantes o de pesca. Pero no solo son sus aventuras las que se narran, sino que hay otro personaje misterioso del que vamos conociendo cualidades nobles y otras que no lo son tanto, pues incluso trabajó para un barco negrero: se trata de su tío Juan de Aguirre. En torno a él se construye el otro gran núcleo temático del libro, con el que enlazará su propio destino gracias, entre otras circunstancias, a su matrimonio.
La sucesión de hechos es rápida y vertiginosa, y las escenas se resuelven de modo definitivo, con un disparo, una huida o un apretón noble de manos, según lo requieran las circunstancias. Los pocos remansos del relato los producen las descripciones de las costas y puertos por donde navega, con alguna parada especial como en el caso de Cádiz, donde sucumbió a un amor de juventud, y por supuesto Lúzaro y alrededores, con especial afecto por ser los paisajes de su tierra, por la que tanto afecto sintió. También en esto igual que Baroja, si bien en su caso fue menos correspondido que sus personajes.

LAS INQUIETUDES DE SANTI ANDÍA

LLUVIA

elena-m-vivaldi

Si la lluvia, manual de nostalgias,
abre su gris presencia.
Si la lluvia recorre los caminos,
si llama con nudillos a las puertas,
si gotea en los cristales,
si acompaña, en silencio, a los amantes,
si apacigua al que llora
y deja su almohada a los enfermos;
si consuela al que triste,
se venda las heridas.
Yo la pido
y la llamo
aunque luego mi ensueño
se deshaga en cristales.

Elena Martín Vivaldi

LLUVIA