EL JARDINERO DEL REY

jardinero                richaud

Este rey no es otro que Luis XIV el Grande, también llamado el Rey Sol, y su jardinero Jean-Baptiste La Quintinie, el artista que dio forma a los maravillosos jardines de Versalles, a cuyos inicios asistimos en este libro que sigue los últimos años de su vida.
Frederic Richaud es el autor de esta novela, de agradable y fácil lectura. Por sus escasas 150 páginas pululan un buen número de personajes, muchos de ellos reales, de dos mundos bien diferenciados en la Francia de finales del siglo XVII: el de la corte y el de los campesinos, la nobleza y el pueblo llano. Unos mundos que no tienen la armonía, la belleza o la autenticidad que La Quintinie solo encuentra en sus jardines.
Aunque los cortesanos parecen vivir lejos de lo cotidiano, otro tipo de vicisitudes les afecta, como las intrigas palaciegas, el humor del rey, las guerras y las fiestas, primero en el palacio del Louvre y después en Versalles, aún a medio terminar, donde Luis XIV trasladó la corte como símbolo de su grandeza.
Por contra, la gente humilde se preocupa de la escasez de alimentos, de los hijos heridos o muertos en las batallas y en las construcciones ordenadas por el rey, o del duro esfuerzo del trabajo que realizan quienes lo tienen; también, de algún levantamiento religioso o popular por sus duras condiciones de vida, que pronto son sofocadas sin ningún miramiento por el monarca absoluto.
Hay un hecho que los une: la aparición del cometa Halley, que por primera vez es catalogado en aquella época por el astrónomo que le dio nombre, si bien él pensaba que se dirigía hacia la Tierra, con la que se estrellaría, augurando el fin del mundo. Esto hizo que todos, ricos y pobres, rey y súbditos, se refugiaran primero en la religión, y luego en sus casas, esperando el cataclismo que, afortunadamente, nunca sucedió.
Un hombre, sin embargo, parece al margen de todo ello: Jean-Baptiste, el jardinero real. Solo anda preocupado por sus campos, sus huertos, sus plantas y sus frutos, hasta unos niveles que llegan a ser casi místicos. A pesar de que siente respeto y admiración por el monarca, sus simpatías las dirige hacia el pueblo, e incluso es amigo de un auténtico revolucionario. Sin embargo, no parece interesado verdaderamente por nada que no sea el cuidado y la mejoría de sus jardines. De tal manera que no solo destaca por su conocimiento sobre ellos, sino porque llega a sentir lo que ellos sienten.
Por eso, cuando huye de las fiestas para encerrarse en sus invernaderos, es cuando más feliz está, pues no puede dejar de pensar en sus plantas, en sus necesidades distintas para cada estación del año. Así que no nos extraña el final del libro, cuando todo su cuerpo se funde con la naturaleza que tanto ha amado, explicando con ello la verdadera razón de su existencia: devolverle todo lo que esta le ha dado.

EL JARDINERO DEL REY

COMO EL TORO

hernández

Como el toro he nacido para el luto
y el dolor, como el toro estoy marcado
por un hierro infernal en el costado
y por varón en la ingle con un fruto.

Como el toro lo encuentra diminuto
todo mi corazón desmesurado,
y del rostro del beso enamorado,
como el toro a tu amor se lo disputo.

Como el toro me crezco en el castigo,
la lengua en corazón tengo bañada
y llevo al cuello un vendaval sonoro.

Como el toro te sigo y te persigo,
y dejas mi deseo en una espada,
como el toro burlado, como el toro.

Miguel Hernández

COMO EL TORO

EL HOMBRE IMPOSIBLE

ballard                      hombre-imposible

Con este título se recoge una colección de cuentos publicados en la década de los 60 por James Graham Ballard. Autor de obras de ciencia ficción, es quizás más recordado por haber escrito dos novelas que fueron llevadas al cine no hace mucho tiempo: El imperio del sol y Crash, ambas de corte menos fantástico.
En cambio, este libro sabe unir la realidad más reconocible con experiencias sorprendentes, insertadas en ella de una manera natural e indisoluble. El poso que nos deja su lectura es, cuanto menos, desconcertante.
Hay alguno que parece querer imitar a un clásico. El gigante ahogado supone un nuevo Gulliver desde la óptica de los liliputienses. Pero aquí el hombre montaña permanece ahogado en la playa, y sus restos son desmembrados por la comunidad o carcomidos por el tiempo, hasta convertirse finalmente en un recuerdo o en reclamo para turistas.
La playa de los reptiles nos introduce desde la primera línea en un día soleado de una playa abarrotada de gente, contemplada por un matrimonio que discute cualquier trivialidad. Pero algo inquietante va envolviendo la historia, y sin llegar a saber muy bien qué es, desplaza nuestra atención hacia el misterio de una niebla que invita a todos a adentrarse en el mar tras una ola inmensa.
El mismo misterio inexplicable rodea todos los demás cuentos: una guerra contra los pájaros, convertidos en aves enormes capaces de aniquilar casi el mundo, y de llevar a la locura y a la muerte a los protagonistas; una locura y unas gaviotas, por otro lado, también presentes en unas excavaciones antiguas, donde un hombre herido prefiere quedar solo ante su destino que regresar a una relación marchita, traicionada por su mujer y su mejor amigo; una soledad y un desamor que acompañarán en un día infinito a otro de los personajes centrales, huyendo de su destino inexorable.
El hombre imposible es el último de los relatos. Aquí nos hallamos ante un mundo que hoy no resulta tan fantástico: tras un accidente, se le plantea el transplante de la pierna del conductor que le atropelló al joven protagonista herido tras el suceso. Una sociedad envejecida de tanto prolongar las esperanzas de vida hasta casi conseguir la inmortalidad plantea como solución el rechazo del propio cuerpo para conservar la especie. Es decir, un regreso al orden más natural de la existencia, a una inocencia primitiva donde el progreso mal entendido no tiene cabida.
J. G. Ballard imagina, pues, situaciones que producen desasosiego, como si para el ser humano conocer, inventar o querer mejorar su existencia solo consiguiese demostrar su impotencia ante las fuerzas más incontrolables y oscuras de la naturaleza.

EL HOMBRE IMPOSIBLE

EL VIAJE DEFINITIVO

juan ramón

Y yo me iré. Y se quedarán los pájaros
cantando.
Y se quedará mi huerto con su verde árbol,
y con su pozo blanco.
Todas las tardes el cielo será azul y plácido,
y tocarán, como esta tarde están tocando,
las campanas del campanario.
Se morirán aquellos que me amaron
y el pueblo se hará nuevo cada año;
y lejos del bullicio distinto, sordo, raro
del domingo cerrado,
del coche de las cinco, de las siestas del baño,
en el rincón secreto de mi huerto florido y encalado,
mi espíritu de hoy errará, nostáljico…
Y yo me iré, y seré otro, sin hogar, sin árbol
verde, sin pozo blanco,
sin cielo azul y plácido…
Y se quedarán los pájaros cantando.

Juan Ramón Jiménez

EL VIAJE DEFINITIVO