LOS AUSTRIAS

carlosii

El primero, y más famoso, se llamaba Carlos de Habsburgo, y aquí se le nombra como Carlos I. Además de por ser emperador del Sacro Imperio Germánico, se le conoce por mantener a su madre recluida en un convento a la fuerza y por padecer depresión y gota, enfermedades que lo humanizan. Aparece en todos los libros de Historia, e incluso en un serie reciente. Se dice que con él España ocupó un lugar principal en Europa, que era como decir en el mundo de entonces. Los retratos que le hizo Tiziano lo muestran rubio, con los ojos claros y con barbilla prominente, producto del prognatismo que hizo que él y todos sus descendientes tuvieran dificultad para hablar y para comer. Para morir, se recluyó en un monasterio en Yuste, tras abdicar y decidir el destino del continente, pues, frustrado, se deshizo del Imperio Alemán. Nuestra germanofilia viene de entonces.
Su hijo tuvo el nombre de su abuelo, Felipe, y el número que le corresponde en el árbol genealógico de los reyes de Castilla y Aragón, es decir, Segundo. Se le recuerda por extender las conquistas españolas por América, Asia, África y Europa, producto de lo cual se forjó una Leyenda Negra a la que contribuyó sin duda uno de los Duques de Alba que asoló Flandes y con que se sigue asustando a los niños holandeses a la hora de dormir: en vez de decirles que viene el coco, se les amenaza con que viene el duque de Alba y no levantan la cabeza de debajo de la almohada hasta que amanece. Parece que iba siempre de negro, por ser ese el luto el color preferido de los católicos de entonces. Se hizo el Escorial, donde quedaría enterrado junto a toda su dinastía. También contribuyó a que los turcos no llegaran a Viena y, por eso, media Europa no sea hoy musulmana; y a que Cervantes se hiciera famoso al quedar su brazo izquierdo inutilizado por un altrabucazo en la más famosa batalla que vieron los siglos pasados y aun verán los venideros, es decir, Lepanto.
De los dos Felipes que le siguieron se conoce poco, salvo que eran mujeriegos, que con ellos los duques y condes se forraron a nuestra costa y que Velázquez les pintó unos cuadros magníficos, base e inspiración del Museo del Prado, tan famoso en la actualidad.
En cuanto Carlos II, hijo de tía y sobrino, tuvo el apodo de el Hechizado y apenas se le entendía de lo mal que hablaba. Hasta en sus retratos semejaba una mujer enferma. No tuvo descendencia por culpa de los genes tan maltrechos que portaba, por lo que le continuó una Guerra de Sucesión de la que nos llegaron los borbones y las ganas de independencia de los catalanes, que ya intentaron algo de ello con su padre, aunque con idéntico éxito a pesar del afán con que cantaban Els Segadors, donde se afilan hoces.
Todo esto se me ha venido a la cabeza a raíz de una cuestión planteada en algún sitio, donde he leído opiniones diversas sobre la misma: si es útil o no aprender el nombre de los Austrias. Yo lo aprendí hace tanto tiempo, que ni me acuerdo. Fue en la escuela.

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LOS AUSTRIAS

SONETO DE LA GUIRNALDA DE LA ROSA

lorca

¡Esa guirnalda! ¡Pronto! ¡Que me muero!
¡Teje deprisa! ¡Cantal ¡Gime! ¡Canta!
Que la sombra me enturbia la garganta
y otra vez viene y mil la luz de enero.

Entre lo que me quieres y te quiero,
aire de estrellas y temblor de planta
espesura de anémonas levanta
con oscuro gemir un año entero.

Goza el fresco paisaje de mi herida,
quiebra juncos y arroyos delicados,
bebe en muslo de miel sangre vertida.

Pronto ¡prontol! Que unidos, enlazados,
boca rota de amor y alma mordida,
el tiempo nos encuentre destrozados.

Federico García Lorca

SONETO DE LA GUIRNALDA DE LA ROSA

DON QUIJOTE SIN RECREO

donquijote

Me alegró mucho el artículo publicado en El País el pasado 4 de febrero, titulado Aristóteles y las hojas del recreo. Además de interesarme su contenido, me pareció magnífico que, por una vez, quien lo firmase fuese un profesor de instituto, Vicente Carrión Arregui. Es decir, hablaba sobre Educación y, quien lo hacía, trabajaba realmente enseñando a jóvenes de Secundaria en un centro público de nuestro país. No es banal esta última frase, pues contiene varios aspectos de los que quiero hablar a continuación.
Casi todo el mundo se considera un experto en esta materia, y así no es extraño encontrar a quien opine sobre ella en los medios de comunicación y en tertulias de cualquier tipo, bien criticando, bien dando soluciones acerca de los males de nuestro sistema educativo. Lo extraño es que se escuche a quienes damos clase. A lo sumo, expertos pedagogos o catedráticos eméritos, apartados de las aulas desde hace lustros -como muchos sindicalistas del gremio, por cierto- son los encargados de publicar artículos muy sesudos en los que, casi siempre, se encargan de decir que los males y la solución están en manos…del profesor. Hasta creo que hay un libro blanco a punto de salir al respecto.
Además, escribe un docente de Secundaria, no de Primaria ni de Universidad. Esto también es interesante, porque aquí se habla siempre de la Escuela, así en mayúscula, y de la labor ingente del Maestro, en torno a los cuales se han elaborado toda la teoría y leyes que sobre la materia se han dictado en España en los últimos 25 años. Como si fueran iguales un niño de infantil que un joven preuniversitario, o quienes son los encargados de educarles y de enseñarles a lo largo de todos esos años.
Por último, el señor Carrión da clases en un instituto público, y en España, en concreto en una Comunidad Autónoma, la de Castilla y León. Esto hay que especificarlo bien, porque quizá no tenemos claro que no estamos en Finlandia ni en Corea, y por eso nos comparamos con ellos cuando sale el famoso Informe Pisa; tampoco es un colegio Jesuita, en el que parece que los padres, los alumnos y las inspecciones educativas son idílicos y felices, donde todos se avienen perfectamente; y me da a mí que en Castilla y León, las clases y lo que se enseña en ellas no son lo mismo que Andalucía, ni Miranda del Ebro es, que digamos, Pinos Puente, donde tengo el gusto de dar yo mismo clases de Lengua y Literatura, también en un Instituto Público y a alumnos de Secundaria y de Bachillerato desde hace seis años.
Antes, he dado clases en otros cinco institutos de mi comunidad, en capitales de provincia y en pueblos, por lo que me considero capaz de aportar mi propia versión del tema educativo. Quizá no sea un experto, pero, bueno, como todos, algo podré decir.
Igual no solo un libro blanco, sino toda una enciclopedia sería insuficiente para tratar como se merece el tema de la Enseñanza, no digamos ya el de la Educación en España. Más aún si lo que que se quiere es mejorar lo que no funciona como desearía casi todo el mundo (el casi es relevante). Por tanto, lo que yo pueda decir en dos o tres folios será a todas luces insuficiente. Aunque por otro lado, para la repercusión que estas consideraciones mías van a tener, no creo que sean necesarias muchas más.
Desde mi humilde criterio, estos son algunos de los principales defectos que veo necesario corregir en nuestro sistema educativo, con un apunte en la línea de su posible corrección.
En primer lugar, conseguir una Ley de Educación estable y duradera. Para ello, será necesario poner de acuerdo a todos los partidos posibles, porque son los que legislan. En el equipo que la elabore deberá participar una representación significativa de maestros, profesores y alumnos, principales afectados y conocedores de la realidad diversa que deben tratar.
Una separación clara entre Educación Infantil y Primaria, por un lado, y Enseñanzas Secundarias, Ciclos y Bachillerato por otro. La distinción entre Educación y Enseñanza se hace conscientemente, para incidir más en uno u otro apartado en cada Etapa.
A pesar de lo anterior, el paso de Primaria a Secundaria, que se produce entre los 11 y los 12 años, debe hacerse de una manera menos drástica. Los horarios, al menos en el Primer Ciclo de Secundaria, y en general en toda esta Etapa, deben de ser de menos horas lectivas.
El Bachillerato tiene que ser de tres cursos, siendo el último de preparación para ingreso a la Universidad o a Ciclos Superiores de Formación Profesional. Por tanto, lo que ahora es 4º de la ESO, pasaría a ser Primero de Bachillerato o Primero de Ciclo Formativo, con lo que el alumno interesado se vería animado a seguir estudiando más allá de los obligatorios 16 años actuales.
Las asignaturas y sus programaciones tienen que ser sometidas a una profunda revisión, así como sus cargas horarias. No pueden repetirse dese 4º de Primaria los determinantes o las fracciones, como tampoco es normal que desde los 6 a los 18 años haya como mínimo una hora de Religión cada semana, y a veces dos, mientras El Quijote se estudia en 3 horas como mucho en 3º o 1º de Bachillerato, y sin leerse bien nunca. Por no hablar de Darwin, del cual intuyo que poco se ve.
Los ejercicios hay que hacerlos, en su mayor parte, en las clases, evitando dejar otra tarea para la casa que no sea el estudio y la lectura. Dadas las nuevas tecnologías, con las que todo se comparte al instante fácilmente, es absurda la metodología empeñada en cuadernos y ejercicios repetitivos, sobre todo lejos del control y guía del profesorado.
Los alumnos con dificultades para el estudio, sean del tipo que sean, han de recibir el mayor apoyo de especialistas, principalmente Psicopedagogos, así como de Trabajadores Sociales para ellos y sus familias. Todos los buenos estudiantes podrán solicitar becas, aunque estos alumnos en particular serán tratados con preferencia en atención a sus necesidades, para incentivarlos en el esfuerzo, el trabajo y el estudio.
Por último, los Centros tienen que tener una gran autonomía, para adecuarse al ambiente social de su entorno.
No puedo extenderme más. Pero, antes de terminar, quiero decir algo a propósito del título de este artículo, que no quiere ser más una modesta paráfrasis del que mi colega puso al suyo y que he comentado al inicio.
Pese a lo que se nos quiere hacer creer por los fastos previstos para la conmemoración del aniversario de su muerte, hoy en día apenas se lee a Cervantes. Yo mismo, cuando lo intento hacer con alguna parte del Quijote en Primero de Bachillerato, las quejas de los alumnos, principalmente en Humanidades, son insistentes y desalentadores: es un libro muy gordo, no se entiende nada, no nos gusta. Al final no insisto, y condenamos a nuestro héroe al olvido. Si ya vimos que la ética de Aristóteles no cabía en el recreo, ¿cómo lo iban a hacer valores como el esfuerzo, la verdad o la justicia hacia los desfavorecidos?
Don Quijote no entra ya en las aulas, verdaderos castillos inaccesibles para él. Tampoco en los patios de los institutos, en sus recreos, los jóvenes podrán apreciar toda la dignidad que su derrota tiene.

DON QUIJOTE SIN RECREO

YO PERSIGO UNA FORMA

darío

Yo persigo una forma que no encuentra mi estilo,
botón de pensamiento que busca ser la rosa;
se anuncia con un beso que en mis labios se posa
el abrazo imposible de la Venus de Milo.

Adornan verdes palmas el blanco peristilo;
los astros me han predicho la visión de la Diosa;
y en mi alma reposa la luz como reposa
el ave de la luna sobre un lago tranquilo.

Y no hallo sino la palabra que huye,
la iniciación melódica que de la flauta fluye
y la barca del sueño que en el espacio boga;

y bajo la ventana de mi Bella-Durmiente,
el sollozo continuo del chorro de la fuente
y el cuello del gran cisne blanco que me interroga.

Rubén Darío

YO PERSIGO UNA FORMA