DOÑA PERFECTA

galdós                  doña-perfecta

Aunque no sea la mejor novela de Galdós, sí es una novela suya, con lo que, para los que nos gusta este autor, ya es alguna garantía de que no nos va a defraudar. Y así pasa desde el inicio de su lectura hasta su final, mucho menos amable de lo que hubiésemos supuesto y, tal vez, deseado.
Como novela de tesis de su producción, el título nos significa al personaje central con un nombre rotundo. Una mujer -a la que, curiosamente, no describe hasta casi el final del libro- es presentada como símbolo de la virtud y la bondad, depositaria de todos los afectos y del mayor de los respetos del pueblo donde vive: Orbajosa. Este, a la manera de la Vetusta de Clarín, es algo más que el marco donde se desarrolla la trama de la obra. Por el contrario, forma parte de esta como núcleo central que la determina.
En efecto, se trata de un supuesto poblado con hondas raíces tradicionalistas, que en la España de mediados del siglo XIX era lo mismo que decir que era inculto, avieso a la ciencia, sojuzgado a la religión más supersticiosa y con deseos levantiscos hacia cualquier modernidad y progreso que, por entonces, representaba Madrid y sus nuevos gobernantes.
Es allí donde Doña Perfecta reina, apoyada en Don Inocencio, el párroco principal de la catedral. Hasta que llega Pepe Rey, su sobrino, con cuyo padre había acordado la boda de su hija Rosario. Porque este tiene ideas distintas, consideradas libertinas por ella y su entorno, cuando lo único que hace es criticar tanto atraso y poner en duda los principios que han regido aquella comunidad cerrada desde siempre. Y así surge el conflicto entre ellos, al enamorase él de Rosario y pretender ambos huir para casarse a pesar de la oposición de doña Perfecta por el rechazo que ahora le manifiesta.
La tragedia se desencadena y la novela avanza hacia un desenlace triste. El mensaje final del narrador, aunque lo intuíamos, lo manifiesta con claridad él mismo cuando termina con estas palabras: “Esto se acabó. Es cuanto por ahora podemos decir de las personas que parecen buenas y no lo son”. Toda la hipocresía y superchería de doña Perfecta y cuantos le rodean quedan, pues, claramente descubiertas.
Un libro que se lee con la agilidad que la prosa de Benito Perez Galdós consigue sin aparente esfuerzo; con unos diálogos veraces, y con descripciones y narraciones sabiamente conjuntadas; un lenguaje más culto de lo que su injustamente criticado desaliño lingüístico nos hace entrever; un mosaico, en suma, sabiamente representativo de una España que, aún hoy, parece menos lejana que lo que el tiempo pasado nos permite suponer y creer.

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DOÑA PERFECTA

DON DE LA EBRIEDAD

claudio-rodríguez

Siempre la claridad viene del cielo;
es un don: no se halla entre las cosas
sino muy por encima, y las ocupa
haciendo de ello vida y labor propias.
Así amanece el día; así la noche
cierra el gran aposento de sus sombras.

Y esto es un don. ¿Quién hace menos creados
cada vez a los seres? ¿Qué alta bóveda
los contiene en su amor? ¡si ya nos llega
y es pronto aún, ya llega a la redonda
a la manera de los vuelos tuyos
y se cierne, y se aleja y, aún remota,
nada hay tan claro como sus impulsos!

Oh, claridad sedienta de una forma,
de una materia para deslumbrarla
quemándose a sí misma al cumplir su obra.
Como yo, como todo lo que espera.
Si tú la luz te la has llevado toda,
¿cómo voy a esperar nada del alba?

Y, sin embargo -esto es un don-, mi boca
espera, y mi alma espera, y tú me esperas,
ebria persecución, claridad sola
mortal como el abrazo de las hoces,
pero abrazo hasta el fin que nunca afloja.

Claudio Rodríguez

DON DE LA EBRIEDAD

LA BUENA LETRA

rafael chirbes               labuenaletra

“La buena letra es el disfraz de las mentiras”. Así, entrecomillado en el pensamiento de Ana, la narradora del relato, nos explica Rafael Chirbes el significado del título de su libro. Este es una novela corta que, junto a Los disparos del cazador, constituye un magnífico díptico de su producción entorno a los años posteriores a la Guerra Civil, sobre seres que, en el caso que nos ocupa, sufrieron y lo perdieron todo, a pesar de haber luchado desde siempre sin comprender muy bien para qué lo habían hecho.
Como en las otras obras de Chirbes, el estilo es tanto o más importante que lo que en ellas se cuenta. Aquí, mediante unos recuerdos hilvanados libremente, la protagonista le habla a su hijo de la historia de sus vidas, comenzando y terminando con lo que parece un diario -dedicado “a sus sombras”- en el que explica el último encuentro con quien tenía esa buena letra, y que tanto significó para el porvenir de todo su mundo.
Este se circunscribe a su familia y unos pocos conocidos, la mayoría perdedores de la Guerra. Son personas que fueron felices durante poco tiempo, hasta su juventud, cuando todo se torció. Después del conflicto, Antonio, el cuñado de Ana, volvió cambiado de la cárcel, y ya nada fue lo mismo. Desde entonces, la convivencia se vuelve complicada, a pesar de que hay momentos en los que incluso parece asomar alguna pequeña felicidad.
En pocas páginas asistimos al hundimiento de quienes creían conservar la dignidad, ya que todo lo demás se lo habían quitado. Sin embargo, conforme pasan los años, ellos también se acomodan al nuevo estado que los vencedores habían creado. Hasta que el personaje antagónico de la protagonista consigue arruinarles a todos la esperanza, pues como un cáncer se instaló entre ellos para ir carcomiendo su convivencia y creando un rencor que no paró de crecer hasta el definitivo desencuentro.
La “buena letra” no es sino el falso vestido de su mezquindad. Una pura apariencia de alguien que no tiene más pensamiento que su egoísmo y arribismo, incluso a costa de destruir los sentimientos y esperanzas de quienes le rodean.
No hay consuelo, ni siquiera en los hijos, ya que estos  plantean a sus viejos padres hacer urbanizaciones en aquella casa cuya ruina no es solo física, sino moral. Es la simiente de una decadencia profunda y generacional, a la que asistimos aún en la actualidad. Una crisis económica y de valores también narrada por Rafael Chirbes en sus siguientes y más famosas novelas.
Pero es también una casa llena de recuerdos y de historias que se perderán para siempre en pos de los nuevos tiempos y de los nuevos intereses, sin que sus ancianos habitantes logren entender finalmente el sentido de tanta lucha y de tanto padecimiento.

LA BUENA LETRA

DEMOCRÁTICAMENTE

rafael calero

Nos engañan con sus elecciones.
Nos roban con sus impuestos.
Nos manipulan con sus periódicos.
Nos despiden de sus fábricas.
Nos empobrecen con su especulación.
Nos encierran en sus cárceles.
Nos atontan con sus televisiones.
Nos azuzan a sus perros.
Nos apalean en las plazas públicas.
Nos humillan en sus juzgados.
Nos putean con sus multas.
Nos intoxican con sus drogas.
Nos encadenan con sus cómodos plazos mensuales.
Nos estafan con sus bancos.
Nos envenenan con su mierda.
Nos esclavizan con sus reales decretos.
Nos oprimen con sus amenazas.
Nos anulan con sus ejércitos.
Nos embrutecen con su sistema educativo.
Nos envilecen con su fútbol.
Nos aburren con sus discursos.
Nos alienan con su dios.
Nos dan por culo y no decimos ni mú.

Eso sí.
Todo muy democráticamente.

Rafael Calero

DEMOCRÁTICAMENTE