TRUE DETECTIVE

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Esta serie ha tenido una desigual crítica según se tratase de la primera temporada, emitida el verano pasado, o la segunda, que hace unas semanas acabó. A mí me han gustado mucho ambas, y por eso voy a comentarlas, como siempre brevemente y con la intención de animar quien no la hayan visto a que lo hagan.
En las dos destaca, para empezar, el aspecto formal que, desde el inicio, se manifiesta en los mismos títulos de crédito y la música que los arropa. Los casos policiales que cuentan, pues de policías y criminales tratan, son crueles y complejos, y salpican a poderosos a los que unos peculiares y no siempre limpios detectives tienen que vencer. Y las tramas se enredan de modo que cada capítulo, aunque las continúa, plantea nuevas derivas que incentiva nuestra imaginación para que esta intente aclararnos lo que está sucediendo.
Sin embargo, las diferencias de las dos temporadas también son significativas, y esto es tal vez lo que ha confundido a sus seguidores, que no las han valorado por igual.
La química entre los protagonistas puede que no haya sido la misma, y los conflictos personales que tenían no han estado bien perfilados en todos los casos; sin embargo, las interpretaciones de los actores pienso que estuvieron siempre por encima del propio papel que les pudo tocar interpretar, y la prueba es que cada aparición de cualquiera de ellos atraía la mirada del espectador irremisiblemente.
El mismo guión fue mucho más confuso en la segunda temporada que en la primera. Pero la resolución de las historias está al mismo nivel. Incluso en algunos capítulos, las escenas de enfrentamiento entre los bandos rivales son más espectaculares en la segunda. Además, el final de los personajes sobre los que se sostienen los relatos es también mas impactante en ella. O por lo menos, mucho más triste.
Lo cierto es que va a ser difícil seguir con la serie si las expectativas del público no se ven satisfechas al nivel que este pide. Pero si sus creadores se mantienen en una línea propia, con actores de gran carisma que sepan dar la complejidad que las historias buscan, y si están siguen mezclando tan bien una ética confusa con una estética envolvente, el ansiado retorno para el próximo verano dará de nuevo en la diana de quien pide algo diferente.
Y que la música, la imagen y la palabra sigan dando muestra de su buena unión cuando alguien sabe mezclarlas en la coctelera de su inteligencia.

TRUE DETECTIVE

NO SÉ

clara-janés

Soy hermosa y mi piel es suave
y el viento del mar me devuelve rocío
de tiernas tersuras.
Mi cabello perfumo y adorno de áurea madreselva
y mi pecho es redondo y casi virginal.
Tuve un amante que ensalzó mis caderas
y mi forma de amar intensa y silenciosa.
Podría ser aún como un río de luz en tus brazos.
No sé qué te retiene, si furtivo, he visto
un destello de ardor en tu gesto al pasar.

Can I go forward when my heart is here?

No conozco la astucia,
no soy como la hoja del chopo
que en oruga se oculta y arracima
antes de dar su tierno cuerpo al viento,
soy clara y sin pudor,
soy entera y tajante,
y no sé seducir.

Clara Janés

NO SÉ

SERIES

soprano thewire breakingbad

Para las tardes, en particular del verano, no he encontrado nada mejor -junto a la siesta- que un par de capítulos de una buena serie para televisión. En orden inverso de su emisión, las preferidas para la mayoría de críticos y espectadores han sido, hasta la fecha, Los Soprano, The Wire y Breaking Bad.
Todas tiene en común una realización estupenda, tanto por parte del director como del productor, que saben adaptar guiones con historias creíbles y actuales; una interpretación de unos actores que rozan la perfección; y un grado de suspense continuo que nos hace esperar el siguiente capítulo de forma adictiva.
Además, comparten la psicología de los personajes su falta de maniqueísmo. Por el contrario, a igual que todos, tienen un lado amable y otro salvaje, y se enfrentan a su vida diaria como haríamos cualquiera de nosotros, con su rutina o las preocupaciones familiares de cualquiera.
Ahora bien, la particularidad de cada una de estas series es la historia que cuentan y cómo esta afecta a sus protagonistas. Si no fuera así, lógicamente interesarían mucho menos.
En Los Soprano nos asomamos a la mafia de Nueva Jersey, sus líos de poder y de la familia que lo controla, en el doble sentido que en este mundo tiene esta palabra. Tony Soprano, el jefe, por si fuera poco, va al psiquiatra porque sufre ataques de pánico. Aunque es el centro de la trama, esta se abre con todos los demás personajes hasta un final que, aún hoy día, crea debate sobre su significado.
The Wire es el juego de policías y ladrones (drogadictos y políticos, en este caso) que, aquí, es todo menos clásico. En uno y otro bando hay héroes y criminales, confusión sin límites entre la delgada línea que, a veces, puede separar el bien del mal.
Por último, Breaking Bad nos cuenta los últimos años de un profesor de química que, para asegurar el porvenir de su familia cuando le detectan cáncer, decide producir y traficar metanfetaminas. Su aparente torpeza inicial y las circunstancias externas ingobernables irán moldeando su carácter, hasta que toma conciencia de su verdadero poder.
Con todos estos mimbres ha surgido uno de los fenómenos televisivos más importante de los últimos años. Como toda creación artística, sin duda tendrá, al lado de otros ejemplos llenos de aciertos, muchos más de rutinario quehacer para atraer antes las masas que apostar por la calidad. Pero las obras maestras ya rodadas quedarán para siempre a disposición del amante del buen cine.
Y con la posibilidad de que, pronto, vuelva a ocurrir el milagro en otra nueva entrega.

SERIES

ORACIÓN

montero

A vosotros,
que cortáis la manzana de la muerte
con el anonimato de una guerra,
os pido caridad.
Por un Dios
en el que jamás he creído.
Por una Justicia
de la que desconfío.
Por el orden de un Mundo
que no respeto.
Para que renunciéis a vuestra guerra,
yo renuncio a mis dudas,
que son parte de mí
como la luz amarga
es parte del otoño.
Y escribo Dios, Justicia, Mundo,
y os pido caridad,
y os lo suplico.

Luis García Montero

ORACIÓN

ABEL SÁNCHEZ

abel-sánchez                       unamuno

Miguel de Unamuno dejó de leerse hace tiempo. Sin embargo, yo sigo curioseando en su obra, y me cuesta entender por qué no es apreciada su narrativa, al menos sus nivolas. Todas las que he leído –Niebla, Amor y Pedagogía, San Manuel Bueno, Mártir– me han enseñado algo, estaban bien escritas y sentí emoción al terminarlas. Además, abundan en diálogos magníficos que agilizan la lectura. Creo que todas ellas son buenas razones para valorarlas, más que muchas de las novedades que hoy triunfan.
Tal vez su mayor defecto -bendito defecto- es que invitan a pensar. Y ya sabemos que hay cosas que no están muy de moda.
Abel Sánchez, pese al título, no es el protagonista del relato. Por el contrario, su antagonista Caín, con el nombre de Joaquín Monegro, es el centro del mismo pues, a través de unas Confesiones suyas, el narrador nos va desgranando sus vidas. Estas, desde la infancia amigos inseparables, son descritas con sucesos y detalles básicos que nos permiten, en las poco más de cien páginas del libro, conocerlas en toda su extensión.
Pintor Abel, médico Joaquín, este sufre desde siempre el mal que el nombre del primero sugiere: la envidia, rasgo que al autor con seguridad pretendía extender al carácter español en su conjunto.
Así vemos desarrollarse en Abel, y crecer hasta lo insoportable, un sentimiento de odio, celos e ira hacia Abel que tiene un único origen en la envidia que cualquier éxito suyo le provoca. Primero, su matrimonio con una pretendida novia que lo rechazó; luego, su fama con los cuadros que realizaba, a los que él mismo contribuía con sus hipócritas halagos; finalmente, el hijo que tuvo y que, sin embargo, no quería al padre. Ni este a él tampoco.
Y esto es una de las sorpresas del libro: aunque apenas llegamos a conocer al alma de Abel, sino la de Joaquín, ambas nos terminan pareciendo igualmente oscuras.
Los demás personajes, con pequeños trazos y papeles en la novela, son capaces no obstante de adquirir su propia singularidad. De entre todos ellos, tal vez quien nos deja un recuerdo más triste es Ángela, la esposa con la que, sin amor, forma Joaquín una familia que imite y compita con la de su rival.
Las escenas finales en la que aquella vida corroída por una rabia que no tenía límites confiesa todas sus mentiras, pese que eran intuidas y quizás conocidas en el fondo por todos, no nos deja indiferentes. Sin duda porque, si bien no podemos empatizar con el protagonista, llegamos a sentir pena por alguien que ha provocado tanto dolor en él y a cuantos le rodeaban.
Salvo a Abel Sánchez, que casi lo ignoró todo hasta el final porque así lo decidió él mismo. Por egoísmo. O por una absoluta indiferencia.

ABEL SÁNCHEZ

FINALES DE PARTIDA

vallvey

Partiré junto a ti.
Mis daños son las flores
de un pequeño cerezo
que crece con el alba.
Le lanzaré flechas, si declina,
a la tarde.
Pagaré los tributos de los ríos
con mil piedras preciosas
arrojadas al agua.
No volveré a mi tierra,
a la estancia de jade
de la noche.
Vendrá la lluvia de puntillas.
Iniciarán su vuelo
las aves que devora
esa melancolía
que estremece a los vivos.
Interpretaré
los sueños de los tigres
que gozan en la hierba.
Atizaré la hoguera de los astros
con mis dedos
de sándalo.
Mientras talo el dolor
del árbol de mi cuerpo,
rama a rama,
yo partiré contigo.
Sin armas, sin escudo,
sin otro ejército
que mi afligido corazón,
ribazo del estanque
de una tristeza sin regreso.

Ángela Vallvey

FINALES DE PARTIDA

EXILIADOS

cobos                 exiliados

El título de la novela de Antonio Cobos Ruz nos sitúa en el centro de su argumento: la vida de un grupo de personas que tuvieron que huir de su país tras ser derrotados en una cruenta guerra civil. Aunque en este caso estas personas sean españolas, y la Guerra Civil la que asoló a nuestra nación entre 1936 y 1939, bien pudiese representar a todas las víctimas de cualquier guerra que deambulan fuera de sus fronteras en busca, no solo de un futuro mejor, sino de poder salvar sus propias vidas. Hoy mismo tenemos multitud de dramas similares, esta vez con Europa y la propia España como destinos, pero en muchos casos con peor suerte que la de los protagonistas del relato.
Estos lo forman, inicialmente, una madre con un bebé en brazos y una maleta como única pertenencia, que intenta salvarse de los últimos días de la guerra, cuando miles de personas huían a la desesperada del ejército franquista intentando alcanzar la frontera francesa. Allí conoce a otra pareja con una niña, a la que ella ayuda a sobrevivir compartiendo su leche con la de su hijo. Desde entonces se formará un vínculo especial entre ellos, aun cuando sus vidas tomen derroteros distintos: ella iniciará una nueva etapa de su vida en la Unión Soviética, mientras que la pareja se establecerá en México gracias a la generosidad y solidaridad de sus respectivos gobiernos y ciudadanos.
A partir de entonces, asistimos a su supervivencia, junto a la de otros personajes que se van incorporando al devenir de sus vidas. Estas se van contando de forma simultánea por capítulos, donde aprendemos a valorar lo que supuso realmente aquel momento para cientos de miles de refugiados españoles. Así, apreciamos en su justo valor palabras como lucha, compañerismo, lealtad, valentía, esfuerzo, hasta alcanzar la del heroísmo por el que dieron sus vidas, primero contra las tropas franquistas y después contra los nazis. También comprendemos que la vida de aquellas personas fue muy intensa, con sus aciertos y sus errores, pero de un sacrificio enorme por todo lo que perdieron al irse de aquí para poder volver a empezar prácticamente de cero en una tierra extraña. Donde, por otra parte, fueron acogidos con la mejor de las intenciones y con toda la ayuda posible, lo que sin duda nos debe hacer recapacitar a todos por la actitud de nuestros gobiernos en la actualidad para los exiliados que piden ahora nuestra ayuda.
Una palabra, exiliado, que, como se dice al terminar el libro, nadie quiere conocer ni sentir nunca, ni mucho menos volver a padecer. Porque, como les pasa a los protagonistas de la novela, que se reencuentran al fin en España después de la muerte del dictador, el deseo de querer regresar nunca se pierde. Y la dureza de todas y cada una de sus vidas fue demasiado grande para que deba olvidarse.
Por eso la necesidad de esta obra, que tan bien nos recuerda quiénes fuimos.

EXILIADOS