1864

1864

El título de esta serie recoge la fecha de una guerra olvidada, como tantas otras, que asoló Europa. En esta ocasión entre daneses y alemanes, contada desde el punto de vista danés, pues de esta nacionalidad es la producción.
Decidí verla a continuación de Borgen, otra magnífica serie venida de Dinamarca, y con la que comparte además muchos actores: de hecho, en una escena dos de ellos se presentan con cierta sorna, afirmando uno de los personajes que la cara del rival le sonaba mucho.
La historia tiene tantos aspectos que destacar que resulta difícil comentarlos todos. Así, habla de la amistad de dos hermanos y una chica, a lo largo de unos pocos años, antes de que la guerra lo cambiase todo. También, de la alta política, atenta a dejar su huella a cualquier precio, incluido el de miles de vidas. De nobles y villanos, en el sentido literal de las palabras y en el figurado. Pero, sobre todo, habla de la guerra en todo su devenir, desde la inocente ilusión juvenil, con sus ansias de libertad, aventuras y camaradería, hasta la crueldad insoportable de la batalla, llena de miedo y valor, de odio y atroz lucha, de héroes y cobardes.
Algunas escenas se quedan en la memoria, acompañadas de una música que suele resumir los mejores momentos al final de cada capítulo. La felicidad está representada en la alegría de los tres jóvenes, jugando en un campo listo para la cosecha o en una playa cuyas olas bañan sus firmes cuerpos; la locura en la faz del jefe del gobierno danés, que rechaza cualquier armisticio con el enemigo aun sabiéndose derrotado; la tristeza y el dolor en las batallas y en los hospitales de campaña, cuando los soldados combatían al límite: en el fragor de un combate, uno de los protagonistas mata a su enemigo pisándole fuertemente la cabeza para que no pueda levantarla del barro de las trincheras.
Pero todo este realismo tiene como fin hacernos pensar precisamente en la paz, porque no hay quien viendo la serie quiera ser realmente un soldado. No hay belleza en la guerra, salvo si eres general y juegas con soldados de plomo. La verdad en el frente, sobre todo para los más humildes, es convertirse en carne de cañón, material con que, como cuenta un artillero en la película, hay que cargar este cuando no quede munición de otro tipo.
La serie reúne otros muchos detalles, como el inicio del Imperio Alemán de la mano de Bismarck, el nacionalismo irracional de los daneses o las ilusiones en pos de la felicidad cuya búsqueda debe guiarnos. Todos ellos bajo una realización muy conseguida.
Aunque, bien pensado, a mí me llamó la atención sobre todo el título, porque justo cien años después sería la fecha en que yo nací.

1864

LOS AMIGOS

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Siempre están ahí. Aunque a algunos hace tiempo que los olvidaste, aparecen de vez en cuando por tu memoria, y recuerdas con nostalgia los buenos momentos que pasasteis juntos. Por las diferentes etapas de tu vida se cruzaron y dejaron un poso, a veces mayor y otras menor, pero que te acompañó desde entonces y cuyo recuerdo conservas porque te marcó en tu forma de ser, en tu devenir vital.
Conservo unos pocos, no todos los que conocí y quise. Es cierto que muchos se perdieron por el camino: la conciencia no recuerda bien por qué, pero no hay que buscar culpables. Cada uno debe tomar su propio camino y es normal que los gustos, aficiones y deseos cambien con los años. Pero es cierto que los primeros que conociste fueron los que más añoras, a los que más cariño les tiene uno y los que nos dejaron una huella indeleble.
Son en parte culpables de hacerme como soy, de pensar y de sentir de una forma y no de otra, de que me guste esto y no aquello. También de mis dudas e indecisiones, de mis aciertos y mis errores por hacerles o no caso a lo que me decían y enseñaban.
Además, los buenos, los mejores, nunca me dejan solo si los necesito, en esos momentos tristes que la vida y la muerte nos tienen reservados a todos. Pero también están conmigo en los momentos felices, como cuando viajamos juntos o tomamos el sol en la orilla de un inmenso océano o un café en cualquier terraza abarrotada de gente desconocida. Estos son a los que puedes volver en cualquier momento y que sabes que no te abandonarán jamás, ni tú a ellos tampoco.
Al final no son tantos, y pienso que por eso son imprescindibles. A pesar de los años, volverías a reconocerlos enseguida si te reencontraras con ellos. Quizás hayan cambiado un poco, igual que todos, pero bastarían unas pocas palabras para acordarte de los buenos momentos que pasasteis juntos, y la chispa de la amistad volvería a prender como el primer día.
Entonces, en esos momentos de maravilloso reencuentro, yo me callaría para que me contaran de nuevo sus historias. Porque, de sus palabras, aunque lejanas en el tiempo, sigo esperando todas las respuestas que aún no sé.
Sí.
A pesar del título, o tal vez por eso, esta entrada del blog quería hablar de los libros.

LOS AMIGOS

AL CABO

bautista

Al cabo, son muy pocas las palabras
que de verdad nos duelen, y muy pocas
las que consiguen alegrar el alma.
Y son también muy pocas las personas
que mueven nuestro corazón, y menos
aún las que lo mueven mucho tiempo.
Al cabo, son poquísimas las cosas
que de verdad importan en la vida:
poder querer a alguien, que nos quieran
y no morir después que nuestros hijos.

Amalia Bautista

AL CABO

EL BIGOTE

carrère                                      el-bigote

Este libro de Emmanuel Carrère atrajo mi atención por su título y por un reseña que leí sobre él en el periódico. Brevemente contaba la anécdota con que comienza: una persona se afeita una mañana el bigote sin que nadie en su entorno parezca notarlo.
A partir de ambos elementos comencé a fabular mi propia historia, es decir, a imaginar de qué iba a tratar y cómo estaría contado. Lo comparaba -una vez más- con Kafka (un hecho absurdo en un marco cotidiano) y supuse que el narrador se mantendría igualmente omnisciente, aunque a la vez estrictamente imparcial y objetivo. En parte así fue, pero no del todo.
Las primeras páginas siguen el planteamiento previsto. El protagonista, sobre el cual el narrador establece su punto de vista, al igual que en La Metamorfosis, se siente extrañado por una acto que él consideraba casi heroico: se acaba de afeitar un enorme bigote que llevaba desde hacía más de diez años. Pero ni su mujer, ni sus amigos, ni sus compañeros de trabajo le realizan el menor comentario. Contrariado, cree al principio que puede tratarse de una broma; después, mucho más extrañado al ver que la broma persiste sin ninguna gracia ya, empieza a dudar de todo hasta conducirlo a sospechar de la locura.
Y es a partir de este momento cuando la novela adquiere el ritmo vertiginoso que, sospecho, también experimentó Carrère al escribirla, ya que parece que lo hizo en apenas un mes de máxima tensión creativa. Porque, junto a nuestro personaje, vagamos nerviosos por las calles de París sin que nunca sepamos los pensamientos de quienes le rodean, sino solo los actos y las palabras de estos, que niegan siempre su realidad, es decir, que nunca tuvo bigote. Finalmente, al igual que él llegamos a la conclusión de que se ha vuelto completamente loco. Y emprende una huida a ninguna parte, mejor dicho, al otro extremo del mundo que es como ninguna parte.
Primero en Hong Kong y luego en Macao deambula de modo acelerado y sin rumbo, hasta que toma una sorprendente y también lógica decisión: si haberse afeitado aquel bigote que al parecer nunca tuvo le ha llevado hasta allí, solo y completamente desquiciado, al volver a dejárselo crecer todo puede volver a ser como antes, aunque solo él mantenga el secreto de conocer lo que realmente ha pasado.
Así lo hace. Sin embargo, el desenlace no es ni mucho menos el esperado. Y el lector queda confuso, sin saber qué realidad era la verdadera, si es posible la misma para todos y si somos quienes creemos ser.

EL BIGOTE

¿Y TÚ?

alfonsina

Sí, yo me muevo, vivo, me equivoco;
agua que corre y se entremezcla, siento
el vértigo feroz del movimiento:
huelo las selvas, tierra nueva toco.

Sí, yo me muevo, voy buscando acaso
soles, auroras, tempestad y olvido.
¿Qué haces allí misérrimo y pulido?
Eres la piedra a cuyo lado paso.

Alfonsina Storni

¿Y TÚ?