JUEGO DE TRONOS

juegodetronos-2   juegodetronos-3

Uno de los capítulos de la cuarta temporada de esta serie termina con unas palabras de Tyrion Lannister sobrecogedoras: “Me condenas por enano, no porque asesinara al rey. Sabes que yo no lo hice”. Así se dirige a su padre, que es quien lo juzga. Poco después, una música de viola con los créditos del capítulo nos invita a dejar de mirar la pantalla.

No es tarea fácil, pues esta historia produce adicción. Por eso nuestra mente repasa los momentos más impactantes del capítulo, o de toda la serie en sus cuatro temporadas vistas hasta ahora: la decapitación de Ned Stark, que nos acostumbró desde entonces a ver desaparecer a quienes creíamos héroes duraderos de la ficción; el renacimiento entre el fuego de la reina Daenerys Targaryen, madre de dragones; o la gran Boda Roja, fiesta bañada en la sangre de la casa Stark. Son solo algunas pinceladas de esta saga televisiva y literaria que está suponiendo todo un fenómeno generacional.

Es lógico que así sea, pues reúne ingredientes difíciles de rechazar: eros y thanatos -o sexo y violencia- en generosas dosis; varias líneas argumentales a las que seguir, poniendo a prueba nuestro ingenio; personajes profundamente complejos, imposibles de caracterizar con un solo matiz y por eso interesantes; paisajes y épocas fantásticas, con las que trasladarnos en nuestra imaginación, sabiéndonos seguros a la vez en nuestro sofá; y todo dentro de una narración en cuyo argumento se lucha por el poder, donde el bien y el mal están separados por una fina línea que casi nunca se distingue con claridad.

No hay que buscar ningún trasfondo a esta leyenda épica, pues creo que uno de sus méritos es precisamente que no lo tiene: solo pretende entretener y evadir, y ambas cosas las consigue sin duda alguna. Al menos, según lo que llevo visto por televisión, ya que no pude pasar de leer unas páginas de la voluminosa obra en la cual se basa. Por tanto, quienes busquen pistas sobre la realidad o los asuntos cotidianos, la injusticia o la crisis, la tristeza o la belleza, tendrán que buscar en otros libros y otras pantallas.

Pero si se quiere magia, aventuras, suspense, acción, amistad, honor y hasta un poco de amor, Juego de Tronos cumple a la perfección con esos requisitos. Aunque con un poco de cuidado, pues no hay que encariñarse con nadie, porque tal vez en el capítulo siguiente ya no continúe junto a nosotros y nos deje sin apenas tiempo para despedirse.

¿O acaso no es cierto esto último, rey Joffrey?

Anuncios
JUEGO DE TRONOS

ME DESPERTÉ DE NUEVO

Imagen

Me desperté de nuevo
entre dos sombras.
No quedaban palabras
en mi memoria.

Con los dedos, a tientas,
las fui palpando:
sus ojos enemigos,
sus secos labios,

el mapa señalado,
los hondos cráteres,
corazones escritos
con soledades.

A su fiel prisionero
siempre velando
mis compañeras sombras
de tantos años.

Ellas, que me robaron
la luz de un sueño,
ya no piden rescate
por mi secuestro.

Javier Egea

ME DESPERTÉ DE NUEVO

ENREDADOS

Imagen

Desde que uso el ordenador no escribo igual. Tampoco leo ni pienso igual, es cierto. Me cuesta más concentrarme en un texto o en un pensamiento largo y profundo. Pero creo que es en la escritura donde más lo he notado.

Y no debo ser el único al que le pasa esto. Hace poco un artículo hablaba de ello al querer criticar a los escritores quejosos con la nueva era digital y pirata. No recuerdo bien por qué lo traía a colación, pues la memoria tampoco me sirve como antes, pero noto muchos de sus posibles efectos.

Así, en el momento de escribir cualquier texto, como este mismo, pienso en el tema para después elegir el formato e iniciar su escritura. Si dudo entre usar un punto de vista u otro, o entre la primera o tercera persona narrativa, solo tendría que buscar el verbo o el pronombre correspondiente y cambiarlos. Incluso podría guardar las diferentes versiones y compararlas en un instante.

También, si un párrafo no me gusta, lo puedo quitar, o ponerlo en otro sitio para desestructurar la composición y complacer a lectores exigentes.

Sin contar además con las herramientas de ortografía, sinónimos, diccionarios y enciclopedias que en un instante acuden en mi ayuda ante cualquier necesidad lingüística, histórica, cultural o de cualquier otra índole. Todo facilitará los miles de cambios que puedo realizar en múltiples relecturas, que además nunca me dejarán satisfecho del todo.

Ahora mismo, mientras estoy escribiendo, una idea puede que se me haya perdido para siempre: el programa se ha detenido unos segundos mientras se autoguardaba. Tampoco he podido resistirme cuando me ha solicitado permiso para iniciar unas actualizaciones, importantes según la máquina. Y tengo que controlarme para no alternar el procesador de texto con internet y cotejar la prensa, el correo o divagar libremente durante unos instantes.

En definitiva, una auténtica lucha para escribir o, más grave aun, para pensar sobre cualquier cosa. Sí, estoy enredado.

ENREDADOS